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Por Javier Rodriguez  Los Ángeles  27  Ago 2015

Las conclusiones de expertos y columnistas  sobre cómo y qué apoyo se dio al segundo Gran Escape del Chapo Guzman saturaron el mundo. Dogmáticamente, se lamenta que debió ser extraditado, pero no estoy de acuerdo ¿Por qué? Firmemente creo que no debemos gastar $60 millones en costos judiciales y en vivienda de alta seguridad por 40 años para Guzmán o cualquier otro capo. Esto, incrementaría los $80 mil millones anuales que groseramente se desperdician en la gigante encarcelación masiva, de los cuales, 1.7 millones son negros y latinos. Los exorbitantes gastos están por el cielo y no son los súper ricos, los Trumps y los retrogradas  republicanos, ni las corporaciones del Complejo Industrial de Prisiones los que pagan el pato,: es el 99% del pueblo. ¿En todo caso, que se ganan las mayorías de ambos lados con la extradición? La camiseta más popular del Chapo en Los Angeles lleva el lema “Si me atrapan o me matan, nada cambiara”. Pues sí. el lucrativo negocio billonario de las drogas y del sistema carcelero, más la corrupción, impunemente seguirán su curso en ambos países, excepto la violencia recrudecerá en México.

Además, el imperio, a través de la DEA y la CIA, históricamente ha aplicado nefastas políticas en América Latina que siguen siendo brutales intervenciones en los asuntos de esas naciones soberanas. Hoy, después del golpe y la guerra, Honduras y El Salvador son los países más violentos del mundo.

La guerra en México es otro ejemplo. Desde 2006 ha costado 100.000 muertos, 30 mil desapariciones forzadas, que en realidad son más muertos y por el terror interno, millones han sido desplazados a varias zonas del país y al norte. Desde el principio, informes han señalado que esta fue una concesión al imperio. El acuerdo, como parte del Plan Mérida, se fraguó en Cuernavaca en 2006, entre funcionarios  encabezados por el siniestro Genaro García Luna y diplomáticos americanos, incluyendo la DEA.

Por último, la CIA, en el siniestro Irán-Contra Affair, dirigido desde el sótano de la Casa Blanca, contrabandeo toneladas de cocaína. Las pruebas las denuncio el ex y jubilado Agente de la DEA Celerino “Cele” Castillo III. Despues de recibir un tip de un colega urgiéndole, que investigara el posible contrabando de drogas en gran escala por los Contras Nicaraguenses desde la Base Ilopango de la Fuerza Aerea del Salvador y controlada por fuerzas militares especiales entrenadas por los EE.UU., Castillo descubrió que lideres mercenarios Contras contrabandeaban cocaína a los EE.UU. y que eran los mismos pilotos, aviones, campos de aterrizaje y hangers que usaban la Agencia Central de Intelligencia y el Concejo de Seguridad Nacional, drigidos por el Teniente-Col. Oliver North, para sostener la operación secreta a los Contras y la fabricada guerra contra la revolución sandinista. Estratégicamente, la cocaína fue convertida en crack y distribuida a los barrios negros del país. Con las ganancias se compraron armas a Irán y entrenamiento para los contrarrevolucionarios  nicaragüenses. Combinado con legislación federal diseñada con extremas sentencias y prisión por traficar y consumir crack, esto formo la base para el encarcelamiento masivo de hoy, y lógico, la perdida de millones de votantes de color.